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La olvidada “animita” de Parra en Valparaíso

El pasado domingo 5 de septiembre hubiese cumplido 107 años el (anti)poeta chileno Nicanor Parra y hasta Google lo celebró con su ya tradicional “doodle”. A pocos días de este aniversario el sociólogo porteño Felipe Leiva nos relata la curiosa existencia de un “artefacto parriano” abandonado y olvidado en una vereda del Cerro Placeres de Valparaíso.


Por Felipe Leiva


Salvo en mi temprana etapa escolar, nunca he sido un seguidor de Nicanor Parra. Estaba en primero medio y el libro “Poemas y Anti-poemas” se me aparecía como un tranvía intelectual que me transportaría desde la adolescencia hasta quien sabe dónde. Después otras lecturas fueron enterrando ese juego infantil que era sentirme grande por “leer a Parra”. Pasó el tiempo y “The Clinic” hizo de Parra un icono pop. Como un “novel punk”, absurdamente sobre ideologizado. Lleno de un odio irracional a todo lo que parecía un producto del marketing capitalista, termine odiando su prosa, su persona y sus artefactos. Después de que paso mucha agua bajo el puente, muchas caídas intelectuales y un gran despoje de soberbia, logre reencontrarme con su obra. Hasta el día de hoy es una forma de conversar con ese niño furioso que solo necesitaba un abrazo.

Pero mi reencuentro con Nicanor no tiene tanto de autoanálisis como si de un accidente. Y es que paseando por el Cerro Placeres, un día me tope con un monstruo. Ese monstruo no se presentaba, no tenía nombre ni rasgos que me permitiera descubrir que o quien era. Tenia una forma rara, poligonal, con unas pequeñas ventanas que dejaban ver unos escritos. Cada vez que pasaba en la micro lo miraba y me preguntaba que era, porque estaba ahí, quien lo puso y por qué. Caprichosamente instalado frente al monolito que conmemora el ajusticiamiento a Diego Portales. Nadie sabia nada de ese monstruo.

Un día mi curiosidad no dio más y me decidí encararlo. Frente a frente, comencé a ver mas detalles. Uno en particular: los escritos en las ventanas tenían la tipografía de la obra de Nicanor Parra, esa letra inconfundible que tantas veces vi en libros, revistas e incluso en las paredes del Consejo de la Cultura. Pero, ¿Qué era esto que se mostraba ante mí?, ¿Por qué en vez de clarificar mis interrogantes me presentaba más y más?. Así el monstruo se me hizo más amigable y comenzó una obsesión por saber que significaba.

Nicanor Parra estaba vivo aun, así que no conmemoraba su muerte. Violeta vivió en Placeres, pero no hay registros de que su hermano también hubiese vivido ahí. Es más la casa de Violeta está muchas cuadras mas arriba del lugar que describo. ¿Por qué aquí?, ¿Por qué así?, eran las preguntas que daban vueltas en mi cabeza una y otra vez. Lo más intrigante era que no importaba a quien le preguntase, nadie sabía nada. Y lo mas raro aun, a nadie le importaba.

Pasaron los años y el monstruo se hizo parte del paisaje, mas no así del barrio. Era invisible ante la muchedumbre que circulaba por esa esquina todos los días, pero también era invisible a todos y todas a quienes les interesaba la obra de Nicanor Parra. Ni un homenaje, ni un desfile o paseo de curso. Nada. Ni cuando Nicanor gano el premio Miguel de Cervantes en 2011 o el premio Iberoamericano Pablo Neruda en 2012. Nada. Parecía que las y los únicos/as que le hacían un tipo de reverencia era el personal de aseo municipal que a diario sacaban la basura que los y las vecinas del sector le dejaban, en señal de desprecio, diariamente a su lado.

Años mas tarde (no recuerdo la fecha con exactitud) comenzaron los trabajos de remodelación de la Avenida Placeres, obras que le dieron una nueva cara a dicha Avenida, cara que no contemplaba la permanencia de dicho artefacto. La obra fue retirada de su emplazamiento original y considerada un elemento digno de ser desechado, relegado a quedar en el olvido eterno, tirado en la vereda de en frente siempre con el riesgo de ser vendido por kilo en una de las tantas recicladoras de metales de nuestra ciudad.

Y ahí esta aun, olvidada, invisibilizada y transformada en basura. Pasan los años y aun nadie sabe nada. Según una crónica de la Revista Porteña “La Cavila“, escrita por Absalón Opazo por allá por la primera década de los 2000, se trataría de una animita, una animita mandada a levantar por el mismo Nicanor en homenaje a Diego Portales, que sugería un juego entre cultura popular (la animita) y cultura burguesa (el obelisco que mando a instalar el dictador en homenaje a Portales), pero después de desacuerdos de diseño con el arquitecto encargado de la obra, esta de animita paso a ser este monstruo desarraigado y carente de relato del que hemos estado hablado este rato.

Nicanor Parra falleció un 23 de enero de 2018, a la edad de 103 años, en su casa de La Reina en Santiago de Chile. Pese a que su muerte desencadenó un conflicto familiar sobre la administración de la obra del anti-poeta, apostaría que en ninguno de los catastros elaborados por la familia se encuentra el “monstruo” del Cerro Placeres. Relegado al olvido nuevamente, ahora por quienes deberían perpetuar la obra del artista.

Para el Cerro inexistente, para la obra de Parra menos que una anécdota. Para mí siempre será ese artefacto monstruoso que me encontré por accidente caminando por mi Cerro y que, hasta el día de hoy me permite seguir haciéndome preguntas las cuales difícilmente tengan una respuesta.


Felipe Leiva / Septiembre 2021







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